SAI para farmacias: proteger la cadena de frío y la gestión de recetas

Una farmacia tiene una particularidad que la distingue de casi cualquier otro comercio: parte de lo que vende no se puede recuperar si falla la electricidad. Vacunas, insulina y otros medicamentos termolábiles necesitan una cadena de frío ininterrumpida, y un corte de varias horas puede obligar a desechar todo el stock de la nevera.

Dos frentes que proteger

El primero es el frigorífico de medicamentos. Aquí la prioridad no es tanto la velocidad de conmutación como la autonomía: necesitas que el SAI aguante el tiempo suficiente para cubrir un corte largo, o al menos dar tiempo a activar un generador o a trasladar el stock crítico.

El segundo frente es el sistema de gestión: el programa de dispensación, la conexión con receta electrónica y el TPV. Aquí sí importa la velocidad de conmutación, porque un corte breve no debería interrumpir una dispensación en curso ni desconectarte del sistema de receta electrónica, que depende de que mantengas la conexión con las bases de datos sanitarias.

Por qué no basta con un SAI genérico

Muchas farmacias cometen el error de proteger solo el ordenador del mostrador y dejar la nevera de medicamentos sin respaldo, cuando es justo al revés: la nevera es lo que representa una pérdida económica y sanitaria mayor.

Lo recomendable es un SAI dedicado para el frigorífico, dimensionado para varias horas de autonomía si el presupuesto lo permite, y otro SAI (o el mismo con más capacidad) para los sistemas informáticos.

Una recomendación práctica

Si tu farmacia está en una zona con cortes frecuentes o en un edificio antiguo con instalación eléctrica inestable, vale la pena combinar el SAI con un sistema de alarma de temperatura en la nevera, para que te avise si la autonomía se agota antes de que vuelva la luz.